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jueves, 27 de marzo de 2014

Gorilo

Tal y como se dice lo bueno se deja para el final, de ahí que todavía no os haya hablado de Jaime, mi hijo. Necesitaba sacar lo mejor de mí para presentároslo y finalmente aquí estoy.

Llego antes de lo esperado, por lo inesperado, pero desde que se presentó en mi vida ha sido el centro vital sobre el que he ido construyendo mis vivencias. Mentiría si dijera que ha sido fácil, pero desde luego, digo sin ninguna duda que ha merecido la pena.
Los momentos duros, lo fueron menos gracias a Resti que fue mi apoyo, mi amigo y mi empuje durante el embarazo, por lo que ahora es el merecido padrino de Jaimolas.

El día del parto, fue una peregrinación al hospital de varios coches, vamos que ni en el Rocío…y para nada… ya que en el hospital les echaron a todos con cajas destempladas. Eso sí al día siguiente volvieron con fotos de todos de bebés para buscar las 7 diferencias. El doctor Yordi (uno de los ángeles de mi vida) no daba crédito, además de tener que echar a todos varias veces al día por que la habitación estaba siempre a tope y copaban el pasillo. A mi habitación la llamaban el invernadero de la cantidad de flores que nos enviaron y en cuanto a la cantidad ingente de bombones, que entendí más tarde cuando me enteré de que Encho los recomendaba con ahínco a todo el que le preguntaba que detalle podían traernos, y que a mí no me hacen mucha gracia pero tampoco es cuestión de ser desagradecida.

El cariño demostrado y recibido fue increíble y desde aquí quiero agradecerlo aunque sea 20 años después, no hay tiempo para la gratitud. Y que puedo deciros de mi familia…ya la vais conociendo y ni que deciros que una vez más fueron una piña, y su ayuda y entrega en estos momentos hacia nosotros y mis padres fue impresionante e imborrable.

En el embarazo solo engordé 7 kilos y él al nacer pesó 4 kg así que imaginaréis lo grande que era, cuando se estiraba en la cuna del hospital tocaba con la cabeza y los pies los extremos, así que le apodé cariñosamente “Gorilo”, una característica de los Ceruti es la empatía y la ironía como binomio, pero le llamaba Jaimolas y cuando sus compis del cole me preguntaban por que le llamaba así yo les explicaba: “por que se llama Jaime y mola” y nos quedábamos todos encantados.

Físicamente es igual a los genes donados, pero en guapo, por lo que a mí me toca..
Tuve que dejar de ponerle ranitas con nido de abeja y puntillas a los 6 meses, tenía cara de mayor y parecía un enano disfrazado, e incluso con un año tenía que explicar que no era tonto, que era pequeño y por eso todavía no hablaba, ya que con un año aparentaba dos.

No era pegón, pero si le molestaban les separaba dulcemente con un ligero empujón, que normalmente terminaba con el adversario en el suelo llorando a gritos.

De pequeñajo le encantaban los animales y cuando le llevábamos al Zoo, imitaba los ruidos de todos los animales por lo que la visita duraba horas y es bien sabido que si algo me caracteriza es la paciencia. Todavía mis amigas me recuerdan la cantinela de “Jaime a la una, Jaime a las dos, Jaime a las…”

Uno de los días más felices de mi vida fue cuando nos dimos cuenta de que veía de lujo.
Estábamos andando por la calle con mis hermanos cuando dice muy contento señalando al cielo, en su lengua de trapo ¡¡ vión !! inmediatamente miramos todos hacia arriba pero ahí no se veía nada, es más pensamos que decía ¡¡ babión!! por eso de la tierruca, pero después de dejarnos todos los ojos vimos una ligera estela que demostraba que por ahí, en la lejanía había un avión. Casi lloramos de alegría, a la nueva generación nadie le llamaría “gafotas”.

De peque era alegre y feliz a pesar de ir disfrazado el día antes o el día después de la fiesta correspondiente. El disfraz de pastor tuvo un pase y el de árbol sacó toda mi creatividad escondida, pero cuando tuve que hacerle un disfraz de molino a juego con un compañero suyo, me desesperé, ¿pero a quién se le ocurre pedir un disfraz de molino? Ya no saben que inventar para amargarnos la vida a los padres trabajadores, por que además suele ser una petición de un día para otro o siendo justos… que tu hijo te comunica la tarde antes. Una de las cosas positivas que tenía trabajar en publicidad es que los creativos amigos míos cooperaban con ideas y en el caso de Chuco, incluso como mano de obra.

El peor día de mi vida aunque no os lo creáis fue en Noja, desapareció en la playa y estuvieron todas las pandillas (mayores, medianos y pequeños) buscándole como locos. Llegué a pensar que le habían raptado por que un chavalín tan guapo, tan estiloso, tan solete…era un caramelito, pero no, como siempre ha sido muy independiente se había ido a las rocas con el esquilero.

Desde pequeñín ha sido muy avispao, con 4 años un día en el semáforo esperando a cruzar para ir al cole, rodeados de madres con diadema y pendientes de perlas, me pregunta en un tono de voz bastante alto ¿mamá, cómo dices que se llama mi padre?. Cuando pude decir palabra, le susurré: Jesús, mientras las madres de alrededor crujían el cuello para no perder ripio, entonces se le abren los ojos desmesuradamente y dice ¿DIOS????????? A lo que, como ya imagináis, respondí con una carcajada
Ahora ya se ha acostumbrado a mi risa estridente pero estando embarazada se revolvía en mi tripa y recién nacido se asustaba con mi risa cantarina.

Probó todo tipo de actividades extraescolares en busca de lo que le gustara porque eso sí, es ligeramente dubitativo e indeciso, pasamos por ajedrez, baloncesto, natación, campamentos de verano, ski, rugby…


Ha sido un niño muy querido allá donde íbamos, desde que nació lo metí en una mochila y donde yo iba, él me acompañaba. A veces no me daba cuenta de la fragilidad de un bebe al sentirlo tan mío, casi como si fuera una parte de mi cuerpo y tenían que convencerme de no hacer cosas que pudieran implicarle peligro, como cuando con 20 días, quise hacerle el bautismo de mar en Mojacar el día de la Virgen, saliendo en la procesión en barco, pero ahí estaban mi madre y mi tía para llamarme loca y prohibirme subir al pesquero. Sigo creyendo que no habría pasado nada…pero deje el bautismo de mar para Santoña al año siguiente, y fue el príncipe de los mares en brazos del patrón del barco que estaba absolutamente embelesado con él.

También era el chaval del barrio, cada mañana al ir al cole saludaba al portero, a la de la farmacia, a la del quiosco de prensa y todo el que se le cruzaba, le conocían más a él que a mí que llevaba viviendo allí ¡¡veinticinco años!!. Todos le decían ¡¡hola Jaime!! muy sonrientes.

Pepe, el portero tenía pasión por Jaimolas a pesar de que un día se le queda mirando muy serio y dice “mamá, yo de mayor quiero ser alto como Agustín (Huidobro) y no enano como Pepe” , sin saber donde meterme le reprendí y me dijo muy digno “es que lo estoy diciendo en serio”. Pepe sonrió y cabeceó con pesar, pero aún así no dejó de coincidir con nosotros en el portal cada mañana para dar los buenos días a Jaime.

En Noja, nos recibieron con mucho cariño pero tengo una mención especial para Luis Lozón,, que nos demostró su calidez y simpatía cada verano haciéndonos sentir queridos, en un entorno complejo por mi situación de madre soltera. Tampoco puedo dejar de nombrar a la familia Ruigomez, todos ellos incluida Chituca, a la que quiero muchísimo, y sólo tengo palabras de agradecimiento por su cariño y empatía.


Ya sabéis que casi todo se hereda y yo no voy a ser menos, así que para seguir la tradición de mi padre en lo de fortalecer el carácter, cuando Jaime iba en bici al colegio, le ataba los pantalones con pinzas para la ropa hasta que mi hermano Javier me indicó que en Decathlon vendían unas pinzas específicas para ello y que así podía evitarle el bochorno a Jaimolas.

Los partidos de baloncesto a las 9 de la mañana de los sábados o domingos, eran un suplicio, me costaba la vida tener que madrugar el fin de semana, pero ahí íbamos a pasar frío, rodeados de padres insufribles gritando a sus hijos números de jugadas y represalias por no hacer la jugada adecuada. Pero ahí estábamos nosotros para restar tensión en los partidos, Jaime no tocaba el balón ni por casualidad pero un día se la pasaron y encestó, así que ni cortos ni perezosos le hicimos la ola rodeando el campo cantando el famoso ¡¡oe,oe, oe, oe…!!. Creo que no debo aclarar quien fue la que ideó semejante festejo por un enceste ¿no? Miriam Lastra con su alegría y positividad que  ha estado presente en muchos momentos de la vida de mi chiquitín.

Me he alargado mucho, pero el tema lo requería, y eso que sólo os he hablado de su infancia.

Ya habrá más, no os quepa duda.

domingo, 23 de marzo de 2014

Día del padre

Reconozco que esta semana entre que he estado medio pachucha y ligeramente vaga, me he dedicado sobre todo a leer así que he descuidado bastante el blog. Pensando en que podía contar, he decidido que había que darle un homenaje a mi padre para celebrar su día.

Cuanto mayor somos, más nos vamos dando cuenta de lo importante que es la presencia e influencia de los padres en nuestras vidas, en como afrontarla, en la formación de nuestra personalidad y carácter, en nuestra educación, en nuestra base moral…en definitiva en nuestro YO. Son nuestra referencia.

Hacia los míos sólo tengo palabras de agradecimiento y orgullo, han sido fabulosos y siempre lo diré, es verdad que hay cosas criticables pero… ¿Quién nació sabiendo ser padre? Lo aprendí cuando tuve a mi hijo y os aseguro que siempre he pensado que se debía dar un manual de instrucciones, por que es una de las cosas más difíciles de la vida. Menos barra de pan bajo el brazo y más instrucciones…hombre ya…

Hasta ahora os he hablado de ambos pero el peso pesado se lo ha llevado mi madre ya que con ella convivíamos más. La profesión de mi padre ha sido siempre de horarios muy difíciles para la familia, la bendita publicidad (recordaréis que éramos la familia Kodak) y si a eso le sumamos que su mayor hobby es dormir, ahora entenderéis por qué nunca llegábamos a tiempo a ninguna comunión de primos, ni al RACE, ni a casi ningún sitio… bueno a misa sí, ahí estábamos peleándonos por ponernos lo más alejados de mi padre y sus cánticos a pleno pulmón mientras te abrazaba por los hombros para evitar tu inminente fuga. Encho que era más listo, se solía poner en otro banco para evitar el bochorno pero Javier, la sombra de mi padre, nos venía muy bien en esas situaciones ya que el se quedaba a su lado encantado, de ahí su apodo” pelota, cara caucho que hueles a goma”.

A todos nosotros nos hizo pasar por situaciones bochornosas que en el fondo, muy en el fondo era un subterfugio para marcar nuestro carácter y dotarlo de personalidad.

El premio gordo fue el día que se compró coche nuevo, imaginaros la ilusión cuando nos lo dice ¡¡¡ Coche nuevo !!! , bajamos como locos al garaje para verlo y nos encontramos con el tomatito. Yo pensé que era una broma, de mal gusto, pero una broma, nos quedamos espantados ante ese 124 rojo fosforito con pegatinas de 2000 en color negro atravesando los laterales. Pensábamos que se habría comprado un coche de padre y no uno de jovencito corredor de rallyes…se empeñó en que nos montáramos para dar una vuelta en su nueva carroza y cuando ese motor se puso en marcha, la cosa empeoró y bastante. ¡¡ Sonaba a coche de macarra !! Instintivamente nos tiramos los 4 en plancha al suelo para que nadie pudiera vernos, y sí,  no recuerdo el paseo ya que sólo miré a la alfombrilla.

De todos, a la que más afectó fue a Ana, Javier estaba encantado, Encho sólo lo sufría cuando íbamos de viaje y yo, una vez asumido no le daba más importancia, pero para Ana fue un suplicio. Mi padre se empeñaba en llevarla al colegio, de malotes y pijos de Madrid, y ante la imposibilidad de negarse, lo que si le exigía, era que la dejara una manzana antes de llegar, para que no la viera ningún compañero bajarse del tomatito.

Una cosa buena si tenía, se le oía desde la Pza. del Perú y ya estábamos preparados cuando llegaba a casa. También hacía amigos en los semáforos, recuerdo un día en que un gitano que vendía mecheros se acercó y le dijo “pedazo carro, este tira como ninguno, yo tuve que venderlo por que consumía mucho”, ahí creo que fue la única que vez que se planteó dudas sobre su decisión…Estuvimos dando gracias a Jaime Sainz de la Maza durante 10 años por habérselo vendido, que gran amigo… hasta que Javier se apiadó de todos nosotros y decidió aparcarlo en Los Tornos ¡¡ Gracias, hermano!!

En Noja rápidamente le pusieron un apodo acorde con él, su coche y su forma de conducción letal: El Barón Rojo


 Conchita Gómez Olea, que es un sol, subía muchos fines de semana con mi padre de Madrid a Noja, por que eso sí, mientras nosotros veraneábamos 3 meses, el trabajaba y subía a vernos cada fin de semana. El caso es que Conchita siempre ha sido muy sonriente pero yo todavía tengo mis dudas, sobre si es más un rictus tras viajar con mi padre por el escudo en el tomatito, o se trata de su dulce naturaleza, ya que repetía cada fin de semana.

A mí, además de avergonzarme con sus amigotes presentándome como un caramelito para sus hijos, hablando de dotes y futuros compromisos con ellos, que todo sea dicho de paso, no me miraban a la cara… siempre les he gustado más a los padres que a los hijos… en cuanto tenía oportunidad se presentaba en mi pandilla como mi hermano mayor. Pero un día le devolví la pelota… se acercó con ese andar tan característico suyo, metiendo tripa y sacando pecho, a lo jovenzuelo, y les preguntó a los chavales de la pandilla que estaban jugando al voley playa si se podía apuntar. Ni que deciros que no era lo suyo y que cuando hacía un esfuerzo se olvidaba de meter tripa…yo estaba sentada con varios amigos viéndoles jugar y uno de ellos me pregunta ¿pero quien es ese señor?, a lo que contesto “el típico abuelo que se quiere hacer el juvenil…”, la conversación se alargó bastante hasta que Gonzalo se pasó un poco, culpa mía por darle cancha, y entonces grité “papá, anda déjalo ya que te va a dar algo”. Gonzalo se quería morir y mi padre soltando dos gracietas se volvió a ir más ancho que largo, volviendo a meter tripa.

La que empezó a hincharse como un pavo, fui yo cuando entré en el mundo de la publicidad y empecé a conocer gente con la que había trabajado mi padre, cuando la descripción que hacían era unánime y siempre dicha con mucho cariño “tu padre, es un señor”, y ante eso ¿qué respondes?, pues lo que puedes mientras sonríes y el orgullo te invade. También me ha contado que sus presentaciones en Kodak eran multitudinarias, que nadie se las quería perder y que entraban hasta las secretarias.

Ha tenido un Don de gentes y una gracia natural que he ido descubriendo a través de la profesión por que tal y como decía mi madre…”tu padre, es placer de casa ajena”. En casa era estricto salvo cuando volvía de algún evento con una copuca y mi hermana aprovechaba para que le firmara cheques y así sacarle algo de pasta, ya que era poco gastador y las pagas eran muy reducidas. Aunque es una de las cosas que le agradezco en el alma, ya que nos hizo apreciar el valor de las cosas y evaluar el esfuerzo, grandes valores que hoy en día están olvidados para desgracia de todos.

¿Guapo, eh?

En definitiva, estoy orgullosa del padre que me engendró y de todo lo que me ha enseñado y transmitido, pero no creáis que aquí acaba la cosa, quedan muchas anécdotas por contar…

jueves, 20 de marzo de 2014

Nostalgia

Por lo poco que llevo contado, iréis intuyendo que somos una “Gran Familia”, además de que somos muchos, nuestras madres, las loritos, como buenas mamás gallinas nos han transmitido el valor de la familia y han potenciado que estuviéramos juntos a la mínima oportunidad, por lo que somos una piña.

Mi madre, mis tías y el patriarca son 7 hermanos y aunque han vivido repartidos entre Madrid, Valladolid y Santander, el nexo de unión siempre ha sido su tierra natal, Santander, donde subíamos todos en cuanto era posible.


Tía Lola, la mayor de todas empezó a organizar las “García lagadas” en verano y ahí todos los que estábamos en la tierruca acudíamos a la llamada raudos y veloces. Si algo hay que destacar de los García de Lago y que creo han sabido transmitirnos es su positividad y alegría, que son acogedores y generosos, y que saben disfrutar de las cosas y si es compartiéndolas, mejor que mejor.

Desde dentro me siento una privilegiada por pertenecer a esta familia, a pesar de las pullas entre nosotros, la continua ironía en nuestra comunicación verbal y que somos un poco puñeteros unos con otros, pero también es verdad que siendo tantos la tentación es mayor… Y desde fuera, damos un poco de miedo mezclado con envidia, miedo a causa de tanto despotrique debido al exceso de confianza mal entendida, y envidiuca por ser tantos y tan bien avenidos. Una amiga mía, todavía recuerda que se peleaban por tirarle los tejos entre los tíos y los primos, haciendo todo lo posible por agradar al visitante… La amiga de un primo que nos conoció de copas nos apodó los “Gremlins” porque en cuanto apareció el alcohol salían primos hasta de debajo de las piedras. En resumen, que somos una familia envidiable a la que nos encanta estar juntos, unos cuanto días, si son más podemos llegar a saturarnos…de tanto cariño.

Este fin de semana estoy de ocupa en casa de mi tía y primos en Valladolid. Como cada invierno, desde hace unos años, me auto invito en su casa para alejarme del agobio y el estrés y volver al pasado, me explico, como vivimos muchos veranos y Semana Santas juntos hay miles de recuerdos que rememoramos y nos dejamos llevar por la nostalgia, por lo menos yo, que considero que los años de infancia y juventud fueron maravillosos, el mejor regalo de nuestros padres.


Yo no lo recuerdo pero me la han contado. Por todos es sabido que era la preferida de mi tío Jesús, su pasión hacia mi empezó cuando tuvieron que cobijarme al poco de nacer mi hermana Ana. Mi madre a los dos días de nacer mi hermana, se fue de compras y tuvo una neumonía que casi se la lleva al otro barrio. Al ingresarla tuvieron que repartirnos a mis hermanos y a mí entre varias familias.

A Ana le tocó en casa de los Tarrío, de ahí le viene la bizquera ya que se asomaban todos a la vez a su cuna y ella no queriendo hacer un feo a nadie no fijaba la vista en ninguno en concreto. 
A mi me tocó en casa de los Ramos que me recibieron con cariño y entrega. Para los Ramos, conocidos como los beduinos, mi primo Iñigo era el rubio de la familia, para orgullo de su padre hasta que llegué yo…como ya éramos inseparables nos ponían los cucos juntos. Cuando tío Jesús se asomaba y nos veía, mirándome con muchísimo cariño me llamaba "cabrona" desde el fondo de su alma, imagino que se debía a mi piel de porcelana y pelo rubio que contrastaban con "el rubio".
Esto nos unió muchísimo y cuando en ca Quinito se hacía "operación limpieza", tras una ligera sugerencia de tío Jesús, se ponían todos en marcha menos yo que me quedaba a su lado vigilando que lo demás hicieran bien el trabajo y se aplicaran como era debido. Lo que si recuerdo es su mirada perpleja cuando me lo repetía con todo su candor y yo devolviéndole una mirada impertérrita le contestaba: "eso, eso, operación limpieza".

Al igual que mi padre, tío Jesús era un gran contable, sabían el número justo de bolis y de nueces, respectivamente, (ni más, ni menos) y su ubicación exacta. En mi casa por desaparición o mordedura de bolígrafos BIC éramos castigados sin salir continuamente, después de presenciar el mayor de los enfados, cosa que con el tiempo he ido entendiendo al no encontrar nunca nada en el sitio en el que lo dejé...A lo mejor por eso se llevaban tan bien y cuando mi padre metía tripa y sacaba pecho creyéndose joven y atractivo, mi tío Jesús le decía con sutileza "¡¡ Pero que mal hecho estás, coño !!"


El caso es que en Villameca, donde pasamos alguna Semana Santa para envidia de las Arizmendi que siempre han sido un poco peluseras…en el salón había una fuente con un número exacto de nueces sobre la que se había advertido incansablemente que eran intocables por manos ajenas a las de su dueño. Pues bien, Javier mi hermano, osó comerse una, pero en su defensa diré que no se tuvo en cuenta “el despiste” innato de los Ceruti y que se le tildó de ladrón con demasiada prontitud. Es más creo que a partir de esa afrenta el carácter de mi hermano se endureció y maduró antes de tiempo, volviéndolo adulto en su tierna infancia ¡¡Esperad!! que acabo de recordar que mi madre también le dio un empujoncito en este sentido, el día que le mandó a la tienda a devolver un chicle Cheiw que había hurtado en un descuido. No recuerdo haberle visto más colorado y avergonzado que ese día, el único en el que se le ocurrió saltarse las normas y… ¡zas! le pillan.

Y así fuimos pasando, año tras año, los veraneos. Los Ceruti éramos la familia Kodak, con camisetas, gorras, pelotas, flotadores y barcas amarillas con logo rojo, muy discretos y siempre a salvo de perdernos en la playa de los Navarro. Y los Ramos, la familia deportista, nadando, montando en bici, jugando a palas, sacando musculito...vamos la combinación perfecta.

No se ellos, habría que preguntárselo, pero para mí fueron unos veranos insuperables.