miércoles, 12 de marzo de 2014

Sueños rotos

Empecemos por el principio y en orden, algo necesario para que vayáis conociéndome.

Mi nombre se debe a las irrefrenables ganas de mi madre de tener una niña a la que poner por nombre Lucía y como fui la primera en llegar, me tocó. Lucía era una compañera suya de colegio, era guapa, coqueta y muy femenina, un característica altamente valorada por mi madre que es una coqueta empedernida.

El caso es que llegué yo y todos sus sueños se fueron al garete. Al principio tuvo sus esperanzas por que era un bebé rubio de ojos azules adorable, si no me daba por berrean cual posesa y me “pasaba” hasta ponerme morada… ahí es donde empezaron los indicios de que algo no iba por el camino marcado. Más tarde, ya en el colé, no había día que volviera a casa sin moratones, heridas en las piernas y el uniforme sucio, pero claro ella no  tenía en cuenta ni apreciaba que ser la que tocaba la rama más alta al columpiarse, la que llegaba más lejos al lanzarse desde columpio o hacía las mayores barbaridades en las anillas, requería de muchísimo esfuerzo y era altamente valorado por mis compis.

Tenía mucha fuerza física (ya quisiera mantener algo ahora) y mantenía a raya a las matonas (nunca me pegué con nadie) además de ser siempre elegida como jefa de equipos de juegos, lo que también exigía por mi parte dedicación y constancia para mantener mi estatus ya que en los estudios no era tan líder, mi apodo era "Doña septiembre" y las monjas me alegraban los oídos de forma bastante constante con "Ceruti te voy a poner un cerote" (mis primeros contacto con la creatividad)... Quiero que conste que no utilizaba esa fuerza y empuje con malos fines, es más, todo lo contrario, nunca he soportado el abuso, mi filosofía siempre ha sido que nadie es más que nadie (intelectualmente este mantra fue beneficioso para mí y mi autoestima con respecto a las notas) y por ello las monjas me llamaban "la abogada de pleitos pobres". Ahora es cuando me doy cuenta de que las tenia ligeramente torturadas, si humillaban en clase a alguna niña ahí estaba yo..." ¿no cree q eso debía decírselo en privado? o ¿esto es lo que se llama caridad cristiana?",  siempre dicho con educación y tras levantar la mano para pedir la palabra, ya imaginaréis que me pasaba el día en el pasillo o en el despacho de la directora, cuando no estaba ocupada en alguna tarea de defensa personal de alguno de mis familiares más desvalidos (esto lo dejo para otro post).

También es cierto q mi hermano mayor tuvo mucho que ver con la manía que me tenía la hermana Justina. La simpatía y empatía no eran los rasgos más destacables en ella así que os imaginareis su reacción cuando vio en el edificio de enfrente al colegio un mensaje romántico y candoroso dedicado a su persona de más de un metro de alto que decía "I love Justina". El revuelo q se organizó fue mayor que el de cualquier manifestación del momento, las risas y gritos de las alumnas se oían desde la plaza del Perú, pero lo peor fue que nada más entrar en clase, me amenazó expresando categóricamente que o desaparecía dicha declaración de amor o yo no aprobaría jamás su asignatura, que por otro lado llevaba brillantemente a lo largo del curso. Al trasladar mi preocupación en el hogar familiar, mi padre envió de inmediato a mi hermano, autor de la obra, cubo en mano a borrar las pruebas del delito. Aunque os cueste creerlo el diseñador y autor de dicha obra fue mi hermano, el tímido, sí lo sé, increíble e impensable ¿no? Como además de artista es muy listuco, Encho tuvo que recurrir a toda su audacia para arreglar dicho desaguisado y como era imposible borrarlo lo adecuó de forma brillante, reescribiendo encima y sustituyendo el nombre de la amada, quedando así: "I love Josefina", ante lo que la candorosa monjita no pudo replicar cuando respondiendo a su ira le pregunté ¿se llama usted Josefina?, sonriendo educadamente, como mi madre me enseñó con constancia y cariño a lo largo de los años.

Los fines de semana era otro cantar, mi madre me llenaba de lazos y vestidos de nido de abeja. Mientras no me moviera y no explayara mi felicidad carcajeándome todo iba bien, pero sólo hay que mirar las fotos de las comuniones de los primos, para ver que el recato no era lo mío y dicho sea de paso era más bien una carencia familiar.




Con la pubertad todo se aceleró en dirección contraria a sus deseos y los debates y discusiones sobre moda fueron claramente divergentes. Aguanté con vestidos de flores, camisas de puntillas y faldas escocesas hasta bastante tarde, en comparación con lo que veo ahora fui una SANTA. Entre los 15 y los 16 empecé a decidir los modelitos para vergüenza y espanto de mi madre, y mía en la actualidad al ver fotos de esa época, aunque debo decir en mi defensa que era la moda del momento ¿Quién no piensa lo mismo al ver fotos del pasado?


Actualmente tengo su aprobación y yo diría casi devoción ya que conjunto que me ve, conjunto que me quiere copiar. No se si se debe a que mi estilo ha terminado por gustarle o a su estado de eterna positividad y alegría, pero yo prefiero pensar que se debe a mi innata elegancia y saber estar, y así…¡¡felices las dos!!

2 comentarios:

  1. Pues en la foto tienes pinta de ser buenisísima...... .¡Qué mona!
    Veo a tu madre calcada en todos tus comentarios. Le haces un homenaje precioso cada día.

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  2. Se nota que la quiero mucho ¿no?
    En otros post también os hablaré de mi padre que tiene mucho potencial, tiempo al tiempo

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